Sólo son necesarios unos minutos… ni eso, unos segundos para ver que esta película va de acción a saco. Comienza el metraje y ya estamos en guerra, claro que el director se acuerda que hay que presentar personajes, así que vamos con un “24 horas antes”. Que dura nada, la paciencia fue breve, el hombre quería ponerse a explotar cosas rápido y así lo hace. Guerra, guerra y más guerra.
Si en la vida real cada vez hace menos sentido la guerra, cada vez se ven más claras como maniobras de terrorismos “políticamente aceptado” y son un sinsentido que la gente condena (pero no hace nada por impedirlas), en el cine me genera algo similar. Porque por mucho que sean aliens en busca de agua (metáfora simple de humanos tras el petróleo), al margen de si el guión es bueno o no, ya ver una guerra no es atrapante ni seductor. Para colmo de males en este caso el guión tampoco es bueno. Como consecuencia son casi dos horas de tortura, que teniendo en cuenta el argumento del film, al menos logra transmitir el sentimiento que debería cundir al ver una invasión a la tierra. Por supuesto, el director no quería lograrlo de esta manera.
Una película cargada de heroísmo barato y patriotismo decadente, un acto de soberbia a la antigua (mientras en cada país se ataca una ciudad, en USA atacan 12 ciudades), una continua representación vomitiva de los marines yankies, quienes priorizan una y otra vez el luchar y matar a cualquier otra cosa.
Como consecuencia, una película lamentable, que sigue la línea de todas estas últimas películas de aliens (exceptuando la muy buena District 9). Si preguntan por caras conocidas el héroe es un correcto Aaron Ekhart. Los demás son todos secundarios mal construidos, donde a nivel nombres lo más destacado es una nueva interpretación muy masculina de Michelle Rodríguez, quién parece haber sido encasillada definitivamente para papeles de este tipo.

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