Una, dos, tres y ahora… cuatro. La historia suele decir que en el cine si una zaga cinematográfica llega a su cuarta entrega probablemente sea para vivir del cuento de su primera versión y nos arrepintamos de haber acudido al cine. Scre4m, a pesar de ser dirigida por un maestro como Wes Craven, de contar con el guión del sólido Kevin Williamson, no escapa a esta costumbre y defrauda a raudales.
El director cae en la mediocridad del conformismo, como tantos otros, que al encontrar una formula que funciona la repite una y otra vez. Pero como cualquier buen gag del humor, en la repetición recae la gracia. Una patada en el culo es graciosa, 10 patadas en el culo son mas graciosas, 1000 patadas en el culo son un gag. Lamentablemente para Craven y el film, al margen de momentos puntuales de gracia, la película sigue perteneciendo al mundo del horror y busca dar miedo. Y miedo no da, sino mucha gracia. Porque ya vimos 1000 veces el llamado telefónico. Porque ya vimos 1000 veces personajes hablar de las reglas del género de terror y como son sus películas. Porque ya vimos 1000 veces a Sydney, Gale y Dewey ser apuñalados y huir de la máscara del grito. Porque ya vimos 1000 veces todo lo que pasa y ya no nos sorprende nada, sino que nos reímos al respecto.
Ni siquiera la tradicional sorpresa de quien/quienes son los asesinos funciona. La razón de la matanza es tan burda como poco creíble y no se anima a variar la formula establecida con la incorporación de un tercer asesino por ejemplo. La única variante es un mayor “gore” en los asesinatos. Más sangre, más tripas, más velocidad para matar.
A veces da pena ver como se va destruyendo una peli tan mítica, pero cuando es su propio creador quien lo hace, simplemente nos queda cruzar los dedos y esperar que no ensucie más su nombre.

1 comentario:
y la gente la verá porque nos han dejado descansar unos años y había curiosidad. aunque ya se esperaba q no fuera buena.
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