Dentro de tanto y tanto film que son remakes, cada tanto, hay alguien que es un poco más original y hace un “remake no oficial”. No es exactamente la misma película, pero sí la misma story line. La misma esencia. La misma alma. Y cuando un guionista como William Monahan (Body of Lies, The Departed), decide lanzarse como director, es una buena idea. Partir desde un guión muy sólido y apoyarse en el subconsciente de la gente que revive un “deja vu” oculto.
Cuando hablamos del personaje central de London Boulevard, nos estamos encontrando a la tercera versión de un alma. Creado por Brian de Palma y interpretado por Al Pacino, primero como Tony Montana (Scarface) y luego como Carlito Brigante (Carlito’s Way), ahora es Colin Farrel dando vida a Mitchel, quien continua el camino. O lo repite, porque si bien basa partes de su caracterización en Montana, como su proteccionismo a su hermana (aunque sin el nivel enfermizo de Tony), básicamente es una reencarnación en alma y vida (porque prácticamente repite su camino) de Carlito. Al igual que el Sr. Brigante, Mitchel sale de la cárcel decidido a ser una persona nueva y honesta, pero su pasado, sus amigos, sus cómplices lo quieren arrastrar nuevamente a su vida criminal. Es su amor quien lo quiere ayudar a ser honesto. Y si en Carlito’s Way era su antigua novia, en London Boulevard es su nueva pareja su ventana de escape. Este nuevo amor esta en Keira Knightley, esta chica que debería estar censurada de la pantalla hasta que sus huesos dejen de verse a través de su anoréxica piel.
Y es dentro de esta lucha, entre pasado y futuro, que se abren las subtramas de la historia, que es el punto fuerte. No hay una línea principal marcada, sino que dos o tres historias que no paran de entrecruzarse manteniendo un ritmo atrapante. Sin embargo, dentro de estas historias, son los secundarios y figurantes los que fallan con mayor fuerza, bajando considerablemente el nivel de la película, Eso y obviamente que es inteligente basarte en películas míticas y fantásticas, ya que tienes una base y se obtiene un producto sólido, eso sí, pero no original y brillante.

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