Ficha Técnica
Trailer
Hay una oleada de nuevos directores en Estados Unidos, la mayoría provenientes del mundo del cortometraje, que parecen intentar dar una bocanada de aire fresco. Con un estilo ligeramente variado, historias que rompen los moldes y asumir algo que parecía olvidado: el riesgo. Si uno ve los primeros 10 minutos de Hesher cree que está ante un nuevo caso de esta novedad. Si mira los 95 minutos restantes, confirma que es un intento, pero que fracasa rotundamente.
El inicio de la película es genial. La presentación del personaje de TJ es intrigante y redonda, sin contar demasiado, se descubre mucho tanto del chico como de la trama pasada. Genera una empatía muy rápida y es elogiable contar tanto con tan poco. Luego entra en escena quien confusamente da el título al metraje, ya que no es el héroe sino el principal secundario: Hesher. La mejor aparición de un personaje de la historia. Sale de una pocilga abandonada, pilla a TJ de lo pelos para darle una lección, pero un policía aparece, con lo cual decide ¡TIRARLE UNA GRANADA!. Impresionante.
A partir de ese momento, todas las preguntas que se plantean implicitamente no recibirán ninguna respuesta. Todas las acciones de los personajes son incoherentes e inverosimiles. De hecho, Spencer Susser, el director, se pone en la boca del niño cuando un personaje le pregunta: ¿qué estas haciendo?, a lo cual su respuesta es: No tengo ni idea.
¿Si Hesher le tira una granada a la policía, como puede cruzarse con ellos y hablar como si nada ocurrio? ¿si TJ es un genio, ya que es mucho menor que sus compañeros de escuela, como puede tomar decisiones tan idiotas o intentar seducir a una mujer que le lleva 15 años?. Por el otro lado, los sucesos que pasan son de lo más predecible, muy obvios, trilladas y por tanto, irritantes. El ejemplo más sencillo y pronto, es la asociación musical del Hesher con Metallica, ya que desde el título del filme se copia la tipografía. Cada minuto a partir del once, es una ofensa al intelecto del espectador.
Las interpretaciones son horribles. Rainn Wilson hace el viejo truco de Robin Williams de dejarse la barba para interpretar el drama, pero no sirve, que se quede en la comedia. Joseph Gordon-Levitt está tan perdido como su personaje y ni él sabe por qué hace lo que hace. Natalie Portman es tan insulsa y golpeable como su personaje inocente de Black Swan (sólo que aquí no tiene otra cara para salvarse). Devin Brochu es probablemente el más sólido, pero su personaje no lo ayuda a brillar.
Punto para el realizador por intentarlo, punto por usar a Metallica como banda sonora, punto por un gran comienzo del metraje y hasta ahí llegamos, le damos la esperanza de que en su segundo filme logre mantener esa solidez inicial durante muchos más minutos.

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