Si en Matrix el protagonista tenía que elegir entre las píldoras azul y roja para iniciar su aventura, en Hanna, nuestra pequeña heroína tiene que decidir pulsar o no un botón. Al hacerlo la temible Marissa Wiegler la cazará hasta darle muerte. Por mucho que la chica este viviendo en una cabaña en el medio del ártico uno se pregunta: ¿por qué razón en el mundo lo va a apretar? Y después de 100 minutos de metraje, esa pregunta sigue siendo mi mayor duda sobre la trama.
Pero si dejamos de lado ese pequeño detalle, este filme cuenta con un dinamismo trepidante. No tiene caídas en el ritmo, hasta algo tan simple como estar en una habitación de hotel se vuelve una situación tensa. Padre e hija serán los encargados de mantener esa tensión durante toda la película. Lo cual tiene cierto mérito para Joe Wright, un director acostumbrado a los dramas (y habitualmente leeeeeeeentos...). La puesta de cámara y montaje acompañan perfectamente el tono del largometraje, aunque también es cierto que por momentos repite la formula.
Sin embargo una vez que superamos la fase del guión de manera superficial, no estoy seguro de qué nos quiere contar el director. Simetrías entre inicio y final, por muy bonitas que queden contradicen a lo que el personaje de Hanna dice apenas unos segundos antes. Creo que en el sentido metafórico la película hace aguas y termina de definirse, lo cual convierte a este filme en muy entretenido, pero no es una maravilla.
Las actuaciones de Erik Bana y Kate Blanchet son correctas, pero se puede esperar muchísimo más de ellos. Por suerte para que todo esto funcione, la joven Saoirse Ronan está brillante. Nota destacable es todo el pack de la familia en la "combi", donde están geniales y son un aire fresco fundamental.
Hanna, ese es el título con que comenzará y finalizará, usando una horrible tipografía, por suerte, no es representativa del filme que va a regalar un buen rato.

No hay comentarios:
Publicar un comentario