Desde el prólogo mismo de la película, Oliver Tate (interpretado por Craig Roberts) nos deja claro en su relato, que la historia a continuación será un duelo entre la realidad y los sueños. Y esto se lleva a cabo tanto desde el guión como desde la realización, corriendo suertes dispares. Mientras esos giros en la trama funcionan aportando frescura y enriqueciendo al personaje, las transiciones o cambios hacia lo onírico como puesta de cámara más bien rompen el tono, no terminan de encajar y diría que hasta molestan.
Submarine es un filme con una estructura literaria. Tiene su prólogo, sus capítulos y epílogo. Y tras un arranque arrollador, con personajes muy seductores, generando mucho interés por seguir descubriendo como va a continuar la historia. Sin embargo ese envión inicial se va diluyendo poco a poco, para ir entrando en una trama más bizarra y a las vez superficial, donde los personajes se van estancando y se puede ver demasiado esfuerzo del director para justificar metafóricamente el nombre de la película. Por suerte el final, el epílogo, logra mejorar y así el filme termina dejando un buen sabor de boca.
Richard Ayoade realiza su primera película de real calibre y distribución internacional, gracias a que Ben Stiller es el productor de la misma. Deja varios detalles prometedores para tenerlo en cuenta, porque tras este paseo en montaña rusa, prefiero quedarme con sus aciertos y esperar por su próximo trabajo.

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