Ficha Técnica
Trailer
"La historia se centra en la vida de una familia de tres hijos en los 50, donde el hijo mayor es testigo de la perdida de la inocencia". Esa es la storyline con que se vende con la película. Eso es lo que yo sabía antes de ir al cine. Es uno de los pocos casos donde lamento no haber visto el trailer antes de verla. Aunque tampoco es seguro de salvación, pero sí presagia un poco lo que nos espera. Esas imágenes que no sabe a cuento de que están no serán sueltas, se tendrá que aguantar un tirón de 20 minutos continuos de ellas. Y no se alegre de la presencia de Sean Penn, a parte de lo que sale en el trailer, aparecerá poco más.
Empecemos por lo bueno. La fotografía, estéticamente hablando, es magistral. La belleza visualmente de los planos es impresionante. El filme nos regala imágenes de tipo documental de una preciosidad visual impactante. Esto es algo a lo que Terrence Malick nos tenía acostumbrado. Así como también a ciertos momentos místicos, donde la trama pasa a un segundo plano y su espiritualidad pasa al primero. El Árbol de la Vida es la versión extrema del director. Nadie le ha puesto límites y sólo puedo asumir a algo personal en su vida para que haya hecho esto.
La trama es inexistente, al punto que después de casi dos horas y media, cuesta saber el nombre de alguno de los personajes. Porque la creación de los mismos es nula. Sólo pasan sucesos, insignificantes y tomados con cierta distancia que hacen imposible la empatía. Sin ir más lejos, ni bien comienza la historia, la pareja principal sufre una pérdida que no causa ningún dolor al espectador porque estamos mirando a dos extraños. Y lo que es peor. Esa pérdida no va a generar ninguna influencia en los personajes en su desarrollo posterior.
Esa mística de la que hablaba esta presente en el 80% de la película, en el 20% restante simplemente lo lleva a un extremo potencialmente superior que es necesaria una gran cantidad de drogas para evitar suicidarse mientras uno lo sufre. El tono, tempo y desarrollo propio del filme, ante tan pobre construcción del guión y personajes, interpretaciones muy livianitas, se hace una auténtica tortura. Si me preguntan si prefiero volver a verla o recibir 50 patadas en mis partes privadas, me inclino por la segunda opción.
Pero si hay algo realmente desagradable, es la voz en off. Convierte el metraje en un panfleto religioso místico que creo ni el papa mismo aguanta. Por momentos uno se siente en misa como si estuviera en una iglesia. Y la música, que podrá ser muy bonita en otro contexto, potencia esto hasta niveles donde he llegado a autoahorcarme en el cine (y esto no es una metáfora).
Cuando Malick regreso con La Delgada Línea Roja, los actores se mataban por salir en la misma, aunque sea por 2 minutos. Uno de los que se rumoreó que llamó personalmente al director para estar en la misma, aunque no tuvo éxito, fue Brad Pitt. Ahora tuvo su oportunidad y quizás la experiencia personal de él fue muy buena, pero desde mi ojo, ese actor que supo aparecer en pantalla por su cara bonita y que poco a poco se fue convirtiendo en un actorazo, en esta película no me dice nada. Al punto que desaparece de la misma porque su personaje esta de viaje laboral y no lo extraña nadie. Jessica Chastain es más aburrida que mirar una pared y sólo sirve para potenciar "la subliminal" idea de relación incestuosa con su hijo mayor. Sean Penn aparece pocos minutos y creo que pocas veces se le había sacado tan poco provecho. La única escena larga que tiene es la paja mental final de Malick.
Muchas veces la gente tiende a alabar lo que no comprende, más viniendo de un artista de renombre, por miedo a quedar mal frente a los entendidos. En este caso yo me pondré como espectador común y diré que no entendí nada. Quiero creer que no entendí nada. Pero no tengo miedo, así que no diré que me gustó. Diré que la pase muy mal y que todo aquel que crea compartir mi gusto cinematográfico huya de las salas donde se exhiba esta película, pero que huya lo más lejos posible.

No hay comentarios:
Publicar un comentario