Ficha Técnica
Trailer
Voy leyendo reseñas por allí y se viene una película aparentemente muy buena que se llama Shame, la anuncian como el nuevo trabajo del director Steve McQueen. Y yo digo, quién es este señor que tiene un nombre tan célebre. ¿Es qué sigue vivo y dirige ahora? No, lamentablemente el gran actor nos dejó hace un par de décadas y nos encontramos frente a un nuevo realizar británico que cuenta en su haber con una sóla obra: Hunger.
¡Y qué problemas me encuentro para analizarla! Porque hay dos líneas claras: una puesta en escena brillante, la más impactante que he visto en mucho tiempo, pero a la vez un guión que no se ni como analizarlo, porque tiene una ruptura donde decide olvidarse de todo y me deja perdido en las subtramas. Encima el final... ay el final... es lo que deja el último sabor de boca y no fue el mejor.
Empecemos por la clave de todo, la estructura. Comenzamos con una película con un personaje, al cual se le agrega un compañero. También hay uno del bando opuesto, como para tener un poco de diversidad de puntos de vista. Azarosamente se agrega un nuevo interno en determinado momento. Y mientras la historia se desarrolla principalmente durante la huelga de limpieza, el título del filme nos tiene en vilo con la huelga de hambre. Que se da en el último tercio, con una escena de ruptura total y donde desaparecen todos y nos quedamos sólo con el último personaje que se introduce (Bobby). Un plano general larguisimo que mantiene una conversación entre él y un sacerdote, dos planitos cortos y un primer plano muy largo, siempre fijo, quiebran la historia. Realizado de manera genial, pero nos deja con las ganas de saber que pasa con los dos personajes iniciales, quienes lamentablemente caen en el olvido. Es esta estructura misma, la que destruye el guión. Y me cuesta perdonarlo.
Pero por el otro lado nos encontramos con el Orson Welles del siglo XXI. Una puesta en escena barroca, muy cargada, encuadres maravillosos y un uso del plano fijo en gran angular que no se veía en los tiempos modernos desde hace mucho mucho tiempo. Eso le permite que cada vez que mueve la cámara sea un pincel que escribe, genera sensaciones brutales y le permite ahondar en la crudeza del tema. La fotografía lo acompaña a la perfección y sólo puedo decir que todo el metraje es una poesía visual, pero con significado y sentido, no es un simple capricho.
Las interpretaciones son magnificas, y dado al abandono de algunos personajes me quedaré con quien termina siendo el protagonista, que es Michael Fassbender, que hace un trabajo notable, no sólo emocionalmente, sino físicamente, donde la huelga de hambre hace estragos y más allá del maquillaje, es indudable que sus posturas y movimientos son lo único que la vuelve creíble, hasta un punto de autenticidad innegable.
Pongo en la balanza lo bueno y lo malo, y, ante semejante aparición, decido penalizar en lo mínimo sus errores y me quedo con lo bueno. ¡Bienvenido señor McQueen! Espero ansioso el estreno de su nueva obra, me tendrá ahí firme para ver con que nos deleita.

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